Yeji vive sola en un viejo y deteriorado edificio de apartamentos, donde todos los días parecen iguales.
Hasta que empieza a fijarse en su vecino de al lado. Es un hombre de mediana edad, desempleado, reservado y distante, pero que tiene una amabilidad inesperada.
Poco a poco, ambos comienzan a acercarse: comparten fideos instantáneos, ven películas juntos y hablan de pequeñas cosas que, de alguna manera, permanecen en sus pensamientos.
Él nunca le promete nada ni deja ver lo que realmente siente, pero Yeji no puede evitar sentirse atraída por su tranquila calidez y el misterio que esconde.
Una noche, la distancia entre ellos comienza a desaparecer.
«No podías dejar de mirarme... y también me tocaste, ¿verdad?»
Entre las paredes delgadas de sus solitarios apartamentos, una tensión silenciosa comienza a crecer. Lo que empezó como simple compañía poco a poco se convierte en algo mucho más difícil de ignorar.